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ansiedad

Preocupaciones, ansiedad

Hola a tod@s!

Hoy quiero hablar de la ansiedad, un tema que he tratado en otras ocasiones pero que esta semana ha estado muy presente a mi alrededor. La ansiedad es uno de los síntomas que nos indican que algo nos pasa, que tenemos asuntos pendientes o que los temas en los que estamos nos están sobrepasando. Aquí podéis leer una carta de una paciente que vino hace tiempo con ansiedad y los resultados que consiguió. Si te interesan las cartas después del tratamiento de otros pacientes puedes leer más aquí.

 

Septiembre es un mes muy propicio para sentir ansiedad. Volvemos de vacaciones, retomamos las responsabilidades, visualizamos todo el año, en definitiva, estamos desentrenados de nuestra propia vida. Además, es un mes en el que nos proponemos cambios y a veces son demasiado para lo que podemos conseguir realmente (ir al gimnasio, adelgazar, aprender inglés, mejorar las relaciones con mis compañeros de trabajo, ir a ver más a mis padres y apuntarme a dibujo, que siempre quise aprender).

La ansiedad es una emoción como cualquier otra, bueno no, no es igual que la alegría,  pero sí es una emoción más. La diferencia es que sentimos emociones positivas y negativas, y éstas últimas nos generan sensaciones desagradables o incómodas, motivo por el que no nos gusta demasiado sentirlas. En general, solemos intentar evitar sentir las emociones negativas: rabia, tristeza, enfado o ansiedad. Es una cuestión social: no nos han enseñado a aceptar y vivir las emociones negativas. Si lloramos alguien nos dirá “no llores”, si estamos enfadados, idem, y si sentimos ansiedad iremos a buscar algún remedio ansiolítico (comer, ir de compras, fumar o tomar alguna pastilla).

Pensamos que la ansiedad es “ponernos nerviosos” y efectivamente lo es. Pero puede generar síntomas físicos (somatizaciones) que nos pueden confundir sobre lo que nos está pasando. Los más frecuentes son dolores estomacales, nauseas, diarreas, hormigueos en extremidades y problemas en la piel. Por dentro notaremos agitación, ahogo, presión en el pecho, malestar y/o mareo.

Mi propuesta de hoy es sencilla pero a la vez complicada: ¿Y si, en lugar de huir de las emociones negativas, nos ponemos en frente de ellas, las miramos detenidamente, tomamos conciencia de ellas y dejamos que nuestro cuerpo las procese como nos pide?

Inténtalo. Cuando la ansiedad venga siéntate, mírala de frente y respira profundamente. Coge aire por la nariz y llévalo al estómago, notando cómo se hincha al inspirar. Después suelta el aire por la boca, despacio, y percibe cómo tu cuerpo va recuperando su equilibrio. No fuerces esta respiración. Date un espacio para pensar en aquellos temas que tengas pendientes, preocupaciones o asuntos y sácalos, escríbelos.

Trátalos.

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