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Opiniones de pacientes

  • 9452667_m Pablo: ¿Realmente vives tu vida o la de tu pareja? Open or Close

    En el verano del 2012, tras dos años con un amargor interior y un dolor intenso en el tercer Chakra, y tras varios días de pensamientos profundos sobre mi vida, lo que hacía, si realmente era lo que me gustaba, me di cuenta que no había hecho mi vida.

    Haciendo un repaso desde mi infancia hasta los 23 años y posteriormente, desde que conocí a mi mujer hasta el día de hoy, me di cuenta que en estos 19 años de relación no había sido yo mismo. No culpo a mi pareja por ello, nadie me puso una pistola en la cabeza para dejar de ser yo y actuar de diferente manera.

    Me había apartado de mis amistades, de mis hábitos y me había volcado tan solo en mi trabajo e hijos. Al no estar agusto con mi vida me encerré en mi trabajo 12 horas al día y de continuos viajes. Lo único que me llenaba era la actividad deportiva de mi hijo.

    A nivel de pareja, no era una persona que me gustase insistir mucho para mantener relaciones, a no ser que viera por parte de ella predisposición, cosa que inicialmente si veía pero pasado el tiempo, cada vez me daba la sensación de que iba a menos y las pocas veces que manteníamos relaciones me sentía un acosador, por lo que decidir no insistir.

    A consecuencia de mi falta de interés, mi pareja me preguntó que me pasaba. Fue en 2008 y entonces le expliqué mi gran secreto hasta ese momento: me ocurrió cuando tenía tan solo 6 años, un chico mayor intento abusar de mí.  Inicialmente ella se enfadó porque no entendía que después de más de 11 años no le había contado nada.  Mi respuesta fue que no lo sabia nadie y era una cosa mía que no me había atrevido a explicar hasta ese momento.  Pasado un rato ella me dijo que si necesitaba ayuda, que podíamos ir algún centro, pero en esa noche se quedó.

    Pasaron dos años de esa conversación y una noche mi pareja empezó a llorar. Le pregunté que le pasaba y ella me comentó que no me podía perdonar que le hubiera ocultado durante tantos años ese tema. Yo solo pude decirle que era una cosa que había llevado 40 años en mi interior, con un dolor difícil de explicar, y que ni mis padres y hermanos lo sabían. Tras esa conversación todo cambió y estuve durante dos años en soledad.

    Durante esos dos años en casa la convivencia fue sostenible en gran medida por mis dos hijos y mi cuñada pequeña; que vivía con nosotros. En Junio de 2012 mi cuñada decidió independizarse y ahí fue cuando me vi acompañado, pero en soledad. Mis hijos, ya algo mayores a sus cosas, y mi pareja que ni en las comidas y cenas me hablaba y se marchaba al terminar, era insostenible. Un día mi hijo mayor, preocupado, me comentó que me veía triste y que para estar así mejor que hiciera mi vida.

    La decisión de pedir ayuda…

    Un 13 de Agosto del 2012 me desperté y desayunando le dije a mi pareja que esto no podía seguir así y que me marchaba, entonces ella se sintió ofendida y no entendió nada. Yo le expliqué que era un problema mío, que no estaba agusto con mi vida, realmente no hacia mi vida, había perdido todas mis aficiones y amistades, no era feliz, no me sentía yo mismo y lo tenía que solucionar.  

    Horas antes me había puesto en Internet para buscar ayuda a un experto Psicólogo sexólogo y encontré a Dácil.  Ella me transmitió una energía, que me recordó un sueño que había tenido en Taiwán en el 2001, y no tardé en enviarle un e-mail para concertar hora.

    La primera sesión…

    La verdad que la primera sesión fue algo especial, yo iba con un poco de precaución, no quería que me dijeran lo que debía hacer y ni mucho menos que me recetaran medicamentos. Realmente me quede sorprendido por su madurez y por su forma de actuar, tan solo me hacía preguntas y a su vez me provocaba que yo realizara las respuestas y las soluciones a mis problemas.

    Me hizo volver a mis orígenes e incluso a explorar otros campos donde siempre había tenido inquietudes y curiosidad, que han hecho que hoy en día este feliz, haya recuperado mis amistades y que trabaje para vivir y disfrutar de mi vida, pensando en el presente porque el futuro nos viene, y si eres una persona positiva viene de forma maravillosa.

    Realmente creo que tanto Dácil como yo nos sorprendimos por la rápida evolución, no fueron muchas las visitas que realicé. Mis problemas a nivel de mantener relaciones sexuales los voy superando. Hablo de sexo de una forma normal y mi problema de la infancia lo he superado e incluso en algunas charlas con amigos y conocidos, de como hay que tomarse la vida, hablo de ello, de forma natural y sin ningún odio y rencor.

    Ahora continuo visitándola porque me inspira vitalidad y me sirve de guía, a parte de mi Psicóloga es una amiga.

    Con esta historia no quiero vender que Dácil sea la mejor Psicóloga del Universo, pero si puedo decir, que si la persona que vaya en su ayuda, esta abierta a mejorar su vida, ella puede colaborar en ello.

    Para finalizar, decir que nosotros decidimos lo que queremos ser como personas y es por ello que no debemos de buscar culpables. La vida en pareja es difícil, en mi modesta opinión, creo que no hemos nacido para estar de forma perpetua con una pareja, difícilmente encontraremos la persona que tenga los mismos hábitos, gustos y aficiones que nosotros, llega un momento que uno de los dos cede y si siempre cede el mismo, dejas de vivir tu vida y vives la del otro, aunque nunca hay que perder la esperanza y posiblemente haya gente que encuentre su equilibrio en su pareja.

    Agradezco a las personas que han perdido su tiempo en leer mi historia y desde aquí les envío un fuerte abrazo energético.

  • primera sesión Carlos: la inseguridad y el miedo al ridículo. Un padre maltratador. Open or Close

    Desde mi adolescencia siempre he tenido mucho miedo al ridículo, siempre me ha gustado pasar desapercibido por los sitios, que no se notara mi presencia.  En su mayoría provocado por complejos o inseguridades. Era muy callado salvo con mis verdaderos amigos, y siempre he sido reacio a contar cosas de mí y a conocer  gente nueva.

    El miedo a meter la pata  y que la gente pensara “menudo idiota”, ha sido una constante en mi vida. Siempre he tenido claro que el origen de todos esos problemas había sido mi padre. Desde muy niño recuerdo que la convivencia familiar era desastrosa, mi padre llegaba enfadado del trabajo y discutía con mi madre por cualquier tontería. Gritos,  golpes contra objetos, burlas,…

    De muy niño recuerdo que lloraba al ver a mi padre peleando con mi madre, y mi padre siempre me lo recriminaba “¿Y tú por qué lloras? Normalmente yo me callaba y no decía nada. Creo que la única vez que dije “¡para papá! ¡Para papá! …” Fue un día que en la cocina mi padre tenía agarrada por el cuello a mi madre como intentando estrangularla. Recuerdo que cuando la soltó, mi madre salió por el pasillo y dio un portazo que rompió todos los cristales de la puerta de la calle. Aquel día fui a buscarla por las calles del pueblo por donde salió llorando a despejarse, y volvimos a casa.

    Llegar feliz y contento de una excursión, o de jugar con mis amigos y cambiarme la cara al oír los gritos a una calle de distancia. O que cada cena de Nochebuena o Fin de año, acabara a gritos o con mi madre cenando en la cocina, por no aguantarle, eran el pan nuestro de cada día.

    Muchos de esos días y aun siendo solo un niño pequeño deseaba que mi padre se muriera. No por el hecho de que quisiera verlo muerto, sino porque no quería que volviera a casa. Quería que fuéramos una familia feliz con mi madre y hermana, sin tener miedo a nadie, y poder vivir tranquilos.

    Reconocía el sonido del coche de mi padre, al llegar del trabajo, a dos calles de distancia y era el momento de “se acabó la diversión”. Si estaba contando chistes o haciendo el payaso con mi madre y hermana, todo se acababa. Me sentaba serio en el sofá a ver la tele, o me metía en la habitación, y me convertía en alguien más frio y serio.

    Puedo decir que jamás me puso la mano encima, pero siempre desaprobaba lo que hacía. He sido buen estudiante, buen hijo, no me metía en líos,… pero siempre tenía que ponerme de ejemplo a fulanito o menganito. Daba igual que fulanito o menganito fueran los maleantes del pueblo, siempre tenían alguna cualidad que yo no tenía.

    Con toda esta situación aprendí a aislarme mentalmente de sus comentarios, de sus broncas o de sus opiniones.  Siempre tuve claro que no teníamos nada que ver el uno con el otro. Así que podía decirme lo que quisiera, que por dentro, yo pensaba lo que me daba la gana. Me encerré en mi propio mundo.

    A la mínima que pude me fui de casa, no fue ni en las mejores condiciones ni circunstancias, pero por suerte y con mucho esfuerzo pude salir adelante, ir progresando en los trabajos, estudiar una carrera, y pude llevar una vida normal.

    Mi relación con él continuó como siempre, como si nunca hubiera pasado nada, hablando de temas superfluos como el deporte o la televisión,…

    A pesar de llevar una vida normal, y de ser una persona inteligente, muy perfeccionista y exigente conmigo mismo, siempre he tenido ese miedo al ridículo, especialmente ante grupos de gente. Miedo a hablar en público, a caerme o decir algo que pudiera provocar risas ante otras personas y pensaran “que tonto”.

    Tras el verano del año 2012, decidí acudir a un psicólogo.  Por  varios motivos. En aquel año mi padre había sido operado dos veces de un cáncer  que superó. Mi familia estaba muy afectada, lloraba,.. y yo jamás solté una lágrima, ni siquiera sentí debilidad o tristeza. Y aunque no quería que le pasara nada malo, no sentía las cosas que se supone que un hijo debe sentir por su padre. Esto me hacía tener sentimientos de culpabilidad o de ser un mal hijo.

    A esto se unieron acontecimientos familiares a los que tenía que asistir, y un nuevo trabajo con más responsabilidad en el que tenía que enfrentarme a reuniones diariamente.

    Eso unido al hecho de que mi economía había mejorado, me decidió a dar el paso a acudir a un psicólogo, y fue cuando buscando por Internet encontré a Dácil, en cuya web hablaba sobre mi problema.

    La primera sesión…

    Recuerdo que en la primera sesión estaba bastante asustado, pues jamás había hablado de este problema con nadie. Pero Dácil me hizo sentir muy cómodo, pude sentirme confiado y hablar abiertamente del problema que tenía, y de que creía yo que lo había provocado.

    Tras esa primera sesión, vinieron otras en las cuales me hizo preguntas que yo mismo jamás me había hecho. Me planteó el reto de retener que pensaba en esos momentos en los que sentía vergüenza, o falta de confianza.

    Me ayudó a ver que el sentimiento de culpabilidad es un sentimiento que no aporta nada. Que no arregla nada, y que tampoco hace que la otra persona se sienta mejor. Me hizo ver que era normal que viviendo lo que yo había vivido con mi padre, que no tuviera esos sentimientos de amor o de afecto que un hijo en condiciones normales siente hacia su padre. Que cada uno crea sus afectos en función de cómo ha vivido la vida, y de cómo le han tratado las distintas personas. No hay normas, ni reglas hechas.

    La situación de exigencia y críticas constantes de mi padre, hizo que me convirtiera en una persona muy autoexigente, buscando siempre la perfección, y siendo muy duro cuando algo no me salía al nivel que yo creía que podía dar.

    Dácil me ayudo a ver que esa exigencia y dureza que empleaba hacia mí, no la empleaba con los demás. Que con los demás era mucho más transigente, comprensivo, y que porque alguien se equivocara o hiciera algo mal, en ningún momento yo pensaba que esa persona era tonta. Algo que si hacía conmigo mismo, y que yo ponía en la mente de los demás.

    Lo más difícil..

    Lo más difícil del proceso fue el enfrentarse a situaciones  que me daban pánico. Lo difícil del proceso es que eres tú el que tiene que enfrentarse a las situaciones. No llegas a la consulta, te dan dos pastillas y sales curado. Requiere que te enfrentes y vivas esas situaciones que te dan miedo o te causan frustración. Eso sí, te enfrentas con más herramientas, con más recursos, y sobre todo con la idea de que salga bien o mal, lo has intentado y has avanzado.

    Pero requiere esfuerzo y valor por tu parte

    Lo más positivo…

    Las cosas más positivas que he obtenido con la terapia, son el no tener o al menos reducir el sentimiento de culpabilidad que tenía en muchos momentos. Siempre he sentido culpabilidad por no tener sentimientos favorables, de amor, o los sentimientos que se supone que tiene que tener un hijo hacia su padre.

    Otra cosa positiva es que aprendí a no ser tan duro y exigente conmigo mismo. Sobre todo porque yo no soy así de exigente con los demás, solo lo soy conmigo mismo. Por lo tanto pensar que la gente no piensa lo que yo creo que están pensando.

    Situaciones tan tontas para otras personas, como que llegara mi turno en la caja del supermercado, o pagar en un peaje de autopista, para mi suponían un gran estrés para intentar hacerlo todo súper rápido y que los que estaban detrás de mí, no tuvieran que esperar mucho. Meter los artículos muy rápido en las bolsas,  o tener el dinero preparado en el peaje, eran normas básicas para mí. Intento vivir esas situaciones de forma más tranquila y relajada.

    He aprendido a abrirme más a los demás. A contar cosas de mí, sin miedo a ser juzgado. Y a expresar mejor mis emociones o sentimientos.

    Durante la terapia aprendí a no evitar situaciones, a enfrentarme a ellas. Aprendí a no anticiparme ni pensar tanto. “Esto va a salir mal, la voy a cagar,…” Aprendí a no ir con ideas preconcebidas, ni a visualizar un mal momento, antes de que sucediera.

    Debo aclarar que por circunstancias personales mías, tuve que dejar la terapia antes de tiempo, y antes de poder aprender técnicas nuevas que me ayudaran a rehabilitarme completamente. Pero si puedo decir, que gracias a Dácil aprendí a ver el camino a seguir, pues al final estas cosas requieren voluntad y trabajo de uno mismo.

    La inseguridad que tenía en reuniones de trabajo, o el sentimiento de culpabilidad que tenía en tantas ocasiones se ha reducido muchísimo y en algunos casos han desaparecido totalmente.

    Tras la terapia, el año 2013 fue un año diferente a los anteriores, un año donde por diversas circunstancias estuve más en contacto con mi lado emocional. Con lo bueno y malo que eso conlleva.

    Aún recuerdo cuando a finales del 2012 oí en la radio una pregunta que le hacían a un personaje: ¿Cual ha sido tú mejor y peor momento este año? Me quedé pensando  y en mi caso, no pude destacar un momento que pudiera considerar como muy bueno o como malo. Realmente ahí te das cuenta de la vida plana que llevas. Está bien porque no sufres, pero tampoco disfrutas la vida.

    Si me hicieran esa pregunta hoy, sabría identificar perfectamente los momentos buenos y malos del 2013.

    Puedo decir que he sentido emociones y diversión. Que he competido deportivamente, que he sentido placer y dolor. Que he llorado de tristeza, pero también de risa. Puedo decir que me he enamorado, que he sentido celos, frustración… He podido notar que mi corazón estaba ahí, y que no estaba muerto por dentro como había llegado a pensar en algunos momentos antes de la terapia.

    Pero sobre todo puedo decir que he aprendido a aceptarme como soy, a quererme y a tratarme con el mismo cariño y respeto, con el que siempre trato a la gente que me rodea.

    Por eso si alguien lee esto y se siente identificado con mi problema o con otro, le recomiendo que se ponga en manos de un profesional y que intente liberarse de esas cargas que llevamos por dentro. Fuera prejuicios e igual que vamos al fisioterapeuta a que acondicione nuestro cuerpo, a veces por muy duros de mente que seamos, necesitamos que alguien externo, un profesional que conoce los entresijos del pensamiento, nos ayude a superar nuestros problemas.

    Gracias Dácil.

  • 5064745_m Sergio: me obsesionaban mis miedos y me veía como un bicho raro. Open or Close

    Decidí pedir ayuda porque comencé a darme cuenta que las respuestas que yo mismo me daba sobre mis problemas podían no ser la correctas y esto me obsesionaba cada vez más. Mi cabeza daba vueltas y vueltas a los mismos temas y cada vez distorsionaba más mi realidad. Estos pensamientos obsesivos generaban una gran ansiedad, que me llevaban a tener conductas de comprobación (comprobar mi imagen en el espejo, comprobar el gas, el coche y la moto, el cajero) para quedarme más tranquilo.

    Sentía una gran frustración y desazón conmigo mismo, que no conseguía quitarme, y esto fue lo primero que conseguí solucionar con la terapia, salir de estas emociones.

    Además me permitió comenzar a encontrar el análisis y las respuestas correctas a lo que a mí me aquejaba.  Para mí, la terapia siempre fue positiva. Noté que desde que comencé la terapia he ido siempre a mejor.

    Lo más positivo de la terapia es que me ha dado las armas “correctas” para poder enfrentarme a mis problemas. En mi caso, fue importante darme cuenta que la terapia no va a borrar tus problemas de un plumazo, pero si te va a mostrar una óptica distinta de las cosas.

    También he notado que me quitó una gran carga de responsabilidad y frustración al darme cuenta de que no soy “un bicho raro” por lo que me pasa, de que todo es por algo, y de que todas las personas “tienen” algo.

    También me ha dado fuerzas y seguridad para enfrentarme a mis problemas, cuando estos aparecen. Porque ante ellos ahora intento razonarlos correctamente y a pesar de que a veces me sigan molestando, mi satisfacción es mucho mayor.

    Ahora mismo me encuentro muy bien y quiero dar un consejo a aquellos que estén buscando ayuda:

    No hay que ver la terapia como un “milagro”. Lo que ahora te aqueja es muy probable que lo siga haciendo, por que la mente es muy poderosa. Pero tu postura ante tus miedos será otra y eso te hará sentir mucho mejor. 

  • primera sesión Pedro: las situaciones sociales me daban mucho miedo, era demasiado “tímido”. Open or Close

    Durante los meses de tratamiento que llevo hemos tratado de cambiar mi percepción de las situaciones que me hacían “estar mal”, las situaciones que me provocaban ansiedad, así como de cambiar la reacción a las mismas. En mi caso, tengo una actitud pasiva hacia los problemas, me cierro en mi mismo e intento aguantar estas situaciones sin enfrentarme a ellas directamente en la medida de lo posible.

    Durante estos meses he estado tratando de analizar cómo reaccionaba y que pensaba. Cuando tengo alguna crisis de ansiedad o algún problema inesperado, apuntándolo todo y hablándolo, para darme cuenta que dentro de una crisis lo que uno piensa no suele ajustarse a la realidad. Analizando esto, cada crisis que pasaba era capaz de darme cuenta que podría estar equivocado en ese momento, y poco a poco era capaz de tomar medidas para hacer que la crisis durara cada vez menos. Al principio podía estar “de bajón” durante un par de días, situación que ha ido reduciéndose con el tiempo.

    También he tratado de mejorar mi exposición a situaciones que me producían ansiedad y que son cotidianas, como puede ser realizar una reclamación, o el simple hecho de preguntar e informarme de cualquier producto en una tienda cualquiera. Esto lo hice exponiéndome poco a poco a estas situaciones, empezando con las que menos ansiedad me producen y subiendo poco a poco de dificultad. Incluso me sirvió mucho el haber estado buscando trabajo y haciendo entrevistas, las cuales son una perfecta situación de exposición a la ansiedad y un perfecto ejercicio para mejorar día a día.

    Gracias a esto, soy capaz de lidiar mejor con los días malos y cada vez dura menos el tiempo que estoy mal. He aprendido que estas situaciones siempre se van a producir, es muy difícil que no vuelva a tener días malos y hay que saber afrontarlos. Además, poco a poco me produce menos ansiedad enfrentarme a una situación de las que me dan miedo.

    Aún así, sé que tengo mucho camino por recorrer y todavía sigo mejorando y trabajando sin bajar la guardia para conseguir mis objetivos.

  • ansiedad Miranda: No podía controlar mis celos. Open or Close

    En mayo del 2010 conocí a Dácil en su despacho por primera vez.

    Lo que me llevo allí fue el darme cuenta de que me estaba haciendo daño a mi misma con mi manera de pensar y actuar, así que decidí visitarla e intentar corregir mis fallos.

    Yo era celosa con mi pareja, me enfadaba mucho cuando él miraba a otras chicas, me sentía inferior y esto me provocaba ansiedad, la cual descargaba contra él, con enfados que eran a veces irracionales.

    Esto tenía que ver con mi baja autoestima, no me quería mucho por aquel entonces, no me apreciaba por lo que soy, me fijaba en las cosas “malas” y no miraba las cosas buenas que tenía en la vida, mi foco siempre se centraba en lo malo.

    No era asertiva, decía las cosas de mala manera, lo que me llevo a tener problemas con mis compañeros de trabajo. En aquel tiempo me preocupaba más lo que pasaba fuera de mí que lo que pasaba dentro de mí.

    Durante la terapia Dácil me enseño a hacer una reestructuración cognitiva que consistía en identificar, analizar y modificar mis pensamientos. Lo hacía de la siguiente manera: cada vez que me enfadaba y me sentía mal -por celos, baja autoestima etc.- escribía mi enfado tal y como lo sentía en el momento.

    Escribía la situación (¿Dónde? ¿Con quién? ¿Cuándo?), lo que pensaba en ese momento, lo que sentía en ese momento, como me comportaba y las consecuencias de los enfados. Después de escribirlos buscaba las distorsiones cognitivas que hacía, las cuales eran muchas!

    Mis distorsiones más frecuentes eran: sobregeneralizaba, abstracción selectiva hacia lo negativo, adivinación del pensamiento, adivinación del futuro, etiquetaba, los debería y tendría.

    Después de hacer la restructuración cognitiva y una vez calmada de mis enfados me daba cuenta de que distorsionaba mucho mi realidad, de que una cosa pequeña se hacía enorme cuando mi ansiedad crecía (mi miedo). 

    Yo quería cambiar (lo deseaba), no quería seguir comportándome así, porque sufría mucho y hacia sufrir a la gente que me quería. Yo quería seguir con mi pareja y quería ver la vida mucho más bonita, con mas luz y posibilidades.

    Las ganas que tenía de cambiar y los ejercicios que iba haciendo me llevaron al siguiente paso, controlarme y no explotar ante aquellas situaciones, me costaba mucho y a veces fallaba, pero practicándolo y exponiéndome a mis enfados y celos empezaron a calmarse.

    Nos mudamos al extranjero y al principio tuve algunas explosiones de ansiedad. Continué haciendo terapia con Dácil vía skype. Empecé a ponerme en el lugar de mi pareja, empatizando con él, y  me di cuenta de que a mí no me gustaría que me trataran como yo lo trataba a él, entonces empecé a entenderle, a escucharle, a ser más cariñosa y a no juzgarle.

    Tenía que lidiar con lo que conlleva un cambio de cultura: nuevo idioma, nueva gente, nueva cultura…al ver que podía lidiar con eso (aunque me costó al principio) la confianza en mí y el autoestima creció, empecé a fijarme más en mi interior que en mi exterior, me di una tregua, dejé de juzgarme, empecé a escucharme, a intentar entenderme y así se me abrió una puerta con muchas posibilidades.

    Hoy en día mi pareja y yo estamos muy contentos, nuestra comunicación es mucho mejor que antes, el viaje y los esfuerzos que he hecho para mejorar mi vida (y la de pareja) durante la terapia han dado resultados, hace mucho que no me enfado y cuando hay algo que pueda hacerme enfadar, intento no darle importancia y pensar que los enfados no me han solucionado nunca nada en la vida, al contrario! Ahora mis días malos no los dirijo a nadie, entiendo que puedo tenerlos sin dañar a nadie.

    Ahora elijo estar feliz y seguir adelante en mi vida junto a mi pareja que me ha brindado un apoyo incondicional.

    ¡Querer es poder! se puede hacer todo en esta maravillosa vida, las limitaciones nos las ponemos nosotros mismos.

  • problemas de pareja María: superar un divorcio y salir reforzada. Open or Close

    Fue en octubre del 2011, nunca se me olvidará, pensé que el mundo se me venía encima,… todo la vida en orden hasta que toman por ti una decisión inesperada en la que no puedes participar, el fin de una relación modélica: un divorcio, pasé los peores momentos, esos en los que el corazón te duele demasiado como para hablar con él…y mi familia estaba lejos para ayudarme. Necesitaba contar lo que llevaba dentro de mí, busqué y me encontré con Dácil y su forma de trabajar y decidí llamarla, fue un regalo, me sentí muy bien desde el primer minuto, deseaba que llegara el día (“mejor día de la semana”) de la consulta para contarle como vivía mí día a día.

    He cambiado muchas cosas, pero entre otras mi forma de pensar, antes era muy exigente conmigo mismo y con un nivel de perfeccionismo muy alto, y ahora me hago unas cuantas preguntas y se tomarme mi tiempo, entre otras cosas, antes de emprender algo. Si tuviera que definirlo, sería con estas palabras: tranquilidad pensativa y positiva.

    Que te empieces a encontrar bien depende mucho de ti, recuerdo que en los primeros meses yo sólo quería que el calendario pasara,… siempre he puesto en práctica todo lo que aprendía en la terapia, así llegué y sin apenas darme cuenta a ser yo, o mejor un yo reforzado en todos los aspectos.

    Para mí  los peores momentos fueron al principio, cuando las palabras salían en forma de lágrimas y rabia e iban más rápido que mi cabeza y mi corazón. Apenas sabía por dónde empezar,.. y, después, cuando llevas varias sesiones,  ves como aparecen  pequeños nudos de tu interior que no sabías que existían, que provocan miedo y dolor,… pero estos se irán deshaciendo muy suavemente; a pesar de estos momentos, desde el primer minuto que atravesé la puerta de la consulta y me encontré con Dácil, me sentí muy a gusto a pesar de encontrarme en un momento que se podría definir como “desnudarte de cabeza y corazón”

    Todas las cosas que he obtenido de la terapia son positivas, sin dudarlo un segundo, porque me han enseñado a escucharme a mí misma, a dedicarme tiempo, a evaluar la importancia de las cosas, a ser más flexible,… a quererme y valorarme más… sólo puedo definir la experiencia como un milagro.

    Actualmente estoy feliz  porque he vuelto a ser tan segura, positiva y sonriente como ya no recordaba,.. y a saber qué hacer cuando una tiene un día o una semana complicada,…

    Agradecer de antemano, a los que estéis leyendo mi carta, vuestro tiempo y espero que mis palabras puedan ayudar a tomar la decisión de pedir ayuda cuando la necesitéis porque podréis comprobar por vosotros mismos que Dácil no sólo es una gran profesional sino tu mejor amiga y tu guía en esta andadura….. para mí, la persona con la que puedes contar siempre… Gracias por que apareciera de nuevo.

  • paciente Marc: baja autoestima, ansiedad y dependencia emocional. Open or Close

    Muchas veces, a lo largo de mi vida, había pasado por épocas de ansiedad, tristeza y baja autoestima. Épocas en que todo me costaba mucho de llevar a cabo y que yo creía que era “normal”. La principal razón por la que me encontraba así, era porque creía que hacer cosas para mi mismo era tremendamente egoísta, y que ese era el peor defecto que un ser humano podía tener. Cuan equivocado estaba, y ahora me doy cuenta. Siempre pude remontar esas situaciones y seguir adelante solo. Estaba rodeado de relaciones insatisfactorias para mí, con mis amigos y familia, y principalmente con mi pareja.

    En estas relaciones yo mismo me había colocado un peldaño por debajo, creyendo que hacer todo pensando en los demás era lo correcto. Todo ello me llevó a un momento en que no pude continuar solo. Me levantaba con ganas de llorar, y me iba a dormir abatido, viendo como todo lo que me apetecía hacer, o que yo deseaba, pasaba de largo, y nada se cumplía, por culpa de mi forma de actuar. No me daba cuenta todavía de eso, pero cuando entendí que solo no podría salir, vi que necesitaba ayuda.

    Mi proceso durante la terapia.

    Pequeños cambios, sobre todo al principio, que me han hecho cambiar muchísimo por dentro. Quizás alguien pueda pensar que es muy poco, pero lo primero fue cumplir un sueño secreto que llevaba dentro desde siempre: apuntarme a un curso de cocina. Después, empezar a ir sólo al gimnasio. Nunca hacía nada yo sólo, siempre dependía de los demás. Y así hasta conocer gente nueva y empezar relaciones más “sanas”. Ahora entiendo la diferencia entre ser egoísta y pensar en uno mismo. Si tú no piensas en tí, los demás tampoco lo harán. Ahora ya no dependo de la aprobación de los demás para ser feliz. Soy feliz porque yo apruebo lo que hago.

    Quizás lo más difícil fue darme cuenta de que necesitaba ayuda. Ahora veo que cualquiera puede necesitarla. Me daba vergüenza pedir ayuda, ya que lo consideraba egoísta. Además socialmente nunca hablamos de estas cosas. Mucha gente ha ido al psicólogo y ha conseguido grandes cosas, pero nos da coraje admitirlo y explicarlo, y recomendarlo a aquellos que les pudiera ir bien.

    Lo más positivo que he conseguido a través de la terapia es la sensación de tranquilidad que ahora tengo muchos días. Y la satisfacción de ver cómo se van cumpliendo mis objetivos. Estoy estudiando de nuevo, me cuido mucho más, tanto físicamente como en la forma de vestir, he hecho nuevos y buenos amigos, sin dejar nunca a aquellos que tenía que me querían y apoyaban.

    Actualmente estoy bien… porque ahora me doy cuenta de que antes no lo estaba. Simplemente bien y eso, en nuestros tiempos, vale muchísimo.  No soy ni más feliz, ni mejor, ni mas fuerte que el resto de personas. Pero antes si que era más infeliz, simplemente porque no me daba cuenta que podía ser de otra forma.

    Mi recomendación si estás pensando en pedir ayuda es que no te avergüences. Que todos podemos necesitar ayuda. Que es de valientes darse cuenta. Y que no por haber tomado un camino, tenemos que seguir por él toda la vida, ya que a veces cambiar de camino nos llevará a un mejor destino.

  • 10317037_m Inma: No sabía por qué me deprimía y tenía ansiedad. Open or Close

    Decidí pedir ayuda porque sentía que estaba en un momento que había tocado fondo y que a partir de allí o lo hacía, es decir pedir ayuda para levantarme, o iba arruinar yo sola todas las cosas buenas que tenía en mi vida: trabajo, una relación estable, amistades. En realidad, y mirándolo desde ahora, no me pasaba nada muy grave, sin embargo yo lo pasaba fatal: me sentía deprimida la mayoría del tiempo, ansiosa, no tenía ganas de nada, provocaba discusiones con mi pareja y como si todo esto no hubiera sido suficiente, me sentía culpable.

    Con Dácil empecé por entender que es lo que me estaba pasando y porque me estaba pasando todo esto. Entonces empecé a entenderme a mí misma, a tratarme a mí misma con más compasión y a quererme más. Fue un sentimiento increíble, dejar de culparme ya me hizo sentirme mejor y me dio confianza para seguir adelante.

    Luego trabajamos cambiar los pensamientos que me hacían sufrir y a partir de ahí las conductas que reforzaban mis creencias irracionales. Ha sido un trabajo muy interesante, fascinante podría decir, porque con cada éxito descubría un nuevo mundo de posibilidades y me sentía más fuerte que antes.

    Lo siguiente fue trabajar otros aspectos del desarrollo personal, como mejorar habilidades sociales, asertividad, lenguaje corporal, voz. Las técnicas que hemos utilizados han sido realmente útiles y a la vez muy fáciles de aplicar en el día a día.

    Momentos difíciles del proceso han sido algunos en los cuales retrocedía y volvía a pensar que TODO estaba mal y que NUNCA iba a estar bien. Dácil me hizo entender que momentos como esos podrían aparecer y que no significaban necesariamente un retroceso, pero que si, era mi responsabilidad gestionarlos, ampliando mis perspectivas primero y luego actuar de alguna forma para cambiarlos. Y con este aprendizaje de una sesión en concreto, cuando practicamos la técnica del role reversal, sí que me quedé para siempre. Cuando no estamos contentos con algo en nuestra vida o en nuestra forma de ser, somos los primeros y casi diría los únicos, que podemos cambiarlo y debemos emprender los primeros pasos para hacerlo ya.

    Lo más positivo que he obtenido con la terapia ha sido conocerme mejor, entender porque estoy sintiendo y actuando como lo hago, aprender a cuestionar mis pensamientos negativos y desarrollar pensamientos más beneficiosos para mí.

    Actualmente me siento más preparada para gestionar situaciones difíciles, la imagen que tenía de mí misma ha mejorado, discuto mucho menos con mi pareja que antes y en el trabajo he aprendido a ser menos exigente conmigo misma y menos perfeccionista, lo cual me ha llevado a ser más eficiente y más feliz.

  • 5469276_m Laura: estaba deprimida e incluso pensaba en suicidarme. Open or Close

    A todo aquel que tenga un problema y se encuentre en la encrucijada de decidir si acudir o no a un especialista,  le diría que vaya con los ojos cerrados. De hecho, pienso que absolutamente todos los seres humanos deberíamos pasar por una terapia psicológica en algún momento de nuestra vida, aunque sea para recolocar las ideas o prevenir futuros problemas.

    Siempre he sido una escéptica en relación al potencial que puede tener la figura de un psicólogo/a respecto a mi propia persona, a pesar de haber trabajado durante años codo con codo con estos magníficos profesionales, en el ámbito hospitalario, debido a mi profesión.

    Perdí a mi padre a los 21 años, tras una larga enfermedad, y desde entonces una de las estructuras básicas que tenía en mi vida quedó mermada y desmoronada. Con el paso de los años fuí acumulando momentos de ansiedad, pérdida de autoestima en picado,  emociones de ser rechazada  y la sensación de no haber podido expulsar afuera el duelo. Esa pérdida de autoestima fue alimentándose, hasta el punto de llegar a ideas autolíticas y destructivas (“el nadie me quiere, el no le importo a nadie, el estaría mejor muerta…”) e incluso planificar un suicidio que nunca llegaba, por miedo.

    Evidentemente, esta era una situación insostenible para mi cabeza y mi salud mental. Solo quedaban dos soluciones muy claras. Yo opté por la mejor, sin duda. Creo que siempre hay que intentarlo, dejarnos de orgullos y de sentirnos superhéroes, porque hay momentos en la vida en que no podemos soportar la presión y los problemas. Hay que saber pedir ayuda. Ayuda…precisamente eso es lo que encontré en la consulta de Dácil. Iniciamos una terapia cognitivo-conductual, que había salido en preguntas de examen a lo largo de mis estudios, pero que no sabía la importancia que tenía y lo mucho que podía ayudar a las personas hasta que la viví y trabajé en primera persona (y repito, llegué siendo una escéptica a la consulta).

    No tardé mucho en convencerme que era coherente todo lo que Dácil exponía, y cuán había magnificado todas las distorsiones que mi cabeza no paraba de generar. Con el tiempo, fui viendo que nos preocupamos demasiado por los prejuicios sociales y nos contradecimos continuamente entre lo que queremos y lo que expresamos.

    A día de hoy continúo con la terapia, habiendo dado un salto de calidad en mi vida, y en la relación con las personas que tengo a mi alrededor. Y cada vez que salgo de la consulta, le pido a Dácil que nunca me de el alta, porque es fantástica la ayuda que brinda, de una manera inteligible y directa. Siempre hay momentos, a lo largo de la terapia, de subidas y bajadas, pero de todas se sale con el tiempo, seguro.

    Al que aún dude en acudir a una consulta psicológica, animarle a que sea valiente y dé el salto, que por muy grande que sea el precipicio, siempre hay alguien que amortigua la caída y  ayuda a levantarte. Hoy soy una persona más feliz y completa que ya no se enfada por tonterías, que sabe decir no, y que se quiere, por encima de todos y todo.

  • 7140161_m Montse: superando el cáncer de mi hermana. Open or Close

    Después de 6 años esperando la oportunidad de estar con quien quería estar, de convertirme en la persona perfecta, la que jamás comete un fallo… sin más un día te das cuenta que todo lo prometido no se va a cumplir porque “he dejado de estar seguro de quererte a mi lado”….

    Y un buen día lo que ya sospechas que va a pasar pasa…. Todo se viene abajo…. Y yo pensando en mis tonterías mientras mi hermana lleva más de 10 años luchando por un cáncer y, de repente, ya no puedo decirle lo mucho que la quiero… Porque no vuelvo a verla con los ojos abiertos… No puede ser…

    Aun así podre con todo… ¿Con que te despidan del trabajo sin sospecharlo también?

    Siempre intentando arreglarlo todo a mi alrededor… No puedo permitirme el lujo de llorar…. De fracasar… Seguro que hay alguien a quien cuidar que me necesita….

    Y llega el día en el que ya no puedes más…. Y nada ni nadie puede entender que todo es demasiado…. “Tú eres fuerte… Saldrás de esta…” Por supuesto!!!! Soy fuerte y saldré de esta pero, ¿cuándo y a qué precio?

    Un año de terapia para aprender que la vida no es justa… Que no depende de mí la alegría de las personas que me rodean y que sobretodo ES IMPOSIBLE TENERLO TODO CONTROLADO…

    Porque si… Yo creía firmemente que, a las buenas personas, con buenas intenciones, les acaban pasando cosas buenas, y hoy se que las buenas actitudes son las que hacen que los palos de la vida te enseñen que lo malo también existe y q no lo podemos eliminar, pero sí que saber compartir y superar… Porque es imposible evitar lo injusto… Pero si es posible aprender a sonreír después de que tus pilares básicos se hayan derrumbado y no sepas siquiera cuáles son tus bases personales….

    Jamás hay que perder la alegría pero no debemos olvidarnos de permitirnos el lujo de llorar, de fracasar, de ser imperfectos… Porque no somos maquinas… Somos personas con derecho a todo lo bueno y todo lo malo de la vida…