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Hoy os quiero hablar de un caso que tuve hace algún tiempo.

María es una chica joven, de 25 años, que vino a terapia hace unos meses con una depresión importante. Todo este tiempo ha aprendido a quererse más y a aceptarse más y se encuentra mucho mejor pero no consigue aceptar su propio cuerpo. Es una chica que mide 1,62 y ahora mismo pesa 53 kilos. Ella dice que está gorda, que le sobran kilos y que no puede ponerse la ropa que realmente le gusta.
Tiene una personalidad muy exigente y perfeccionista, que le ayuda en muchos ámbitos de su vida, pero que le obliga a ser muy dura con ella misma, cuando no consigue lo que se propone. En este caso es adelgazar. Como os decía, el otro día hicimos un ejercicio visual para ver cuál era su percepción de su propio cuerpo. Le dije que pusiera en el borde de la mesa las dos manos, delimitando lo que ella creía que era su cadera, su cintura y su espalda. Para cada parte del cuerpo utilizamos post-its marcando sus medidas. Después le pedí que se pusiera ella misma en las marcas de la mesa, en primer lugar la espalda. Aquí había unos 15 centímetros más de lo que realmente medía su espalda. También había unos 10 centímetros más de la cadera y lo mismo de la cintura. Se sorprendió bastante al ver esta diferencia, porque ella estaba muy convencida de las marcas que había puesto sobre la mesa y de cómo se iban a ajustar a su cuerpo perfectamente.
En cuanto a su sexualidad, no ha conectado del todo con ella. Tuvo una relación de varios años con un chico. Ahora lleva unos años sin tener pareja. La relación con este chico fue de sumisión total. Él marcaba las normas de funcionamiento de la relación, cuando se veían, cómo, dónde, y que podía hacer cada uno por su cuenta. Él podía estar con otras chicas y tener temporadas de no contactar con ella y ella lo aceptaba. María asumió un papel desde el principio de sumisión e inferioridad. No decía lo que pensaba, no se salía de las normas que marcaba él y poco a poco fue pensando que lo que tenían era lo que ella merecía, que no era merecedora de una relación como las que veían en las películas, con enamoramiento, compromiso y de todo.
Con él fingía muchas veces en la cama.
No se atrevía a decirle lo que a ella le gustaba por miedo a lo que él pensara. Y él no sabía nada de los gustos de ella en la cama, tampoco en muchas otras cosas.
Justamente el trabajo principal de la terapia con María fue que consiguiera sentirse más libre y valiente para decir lo que le gustaba y lo que no y para poner también sus propias normas en las relaciones. Esto implica que se quisiera más y que se aceptara también más.Al principio le parecía algo imposible, porque nos cuesta mucho deshacernos de nuestras viejas personalidades (aunque no nos funcionen son lo malo conocido), pero poco a poco fue consiguiéndolo.

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