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El triángulo perverso de Haley: perpetrador, víctima y salvador.

triángulo perverso de haley

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En este artículo quiero explicaros qué es el triángulo perverso de Haley y cómo tomar conciencia de si pertenecemos a este tipo de estructura familiar o personal.

Para explicar el triángulo primero tengo que explicar algo sobre la corriente sistémica en Psicoterapia. Dentro de los diferentes enfoques terapéuticos existentes, la terapia sistémica es la que se dedica al estudio y la intervención en las relaciones y los vínculos que se dan dentro de los sistemas: familiares, laborales, escolares, parejas, etc… Parte de la idea de que todos pertenecemos a diferentes sistemas: en primer lugar al
familiar pero también al social, al laboral, al de la pareja o al comunitario. Es necesario entender y darnos cuenta de qué posición tenemos en estos diferentes sistemas para tener una mirada más completa de nuestros límites y también de nuestros recursos y poder resolver nuestros asuntos.

Desde esta mirada sistémica, una de las dificultades que suele aparecer en las familias es la triangulación, que ocurre cuando la relación conflictiva entre dos personas (por ejemplo un matrimonio) se expande incluyendo a un tercero (por ejemplo un hijo), dando como resultado el encubrimiento del conflicto. De esta manera se evita el conflicto y se pone el foco en el síntoma del tercero. Siguiendo este triángulo padre – madre – hijo, el hijo proporciona un problema convirtiéndose en el “chivo expiatorio” de la familia.

El triángulo perverso, termino que acuñó Haley, se refiere a la estructura patológica que adopta una relación entre tres personas, en la cual dos de ellas están diferentes niveles jerárquicos y constituyen una coalición contra la tercera. Por ejemplo, un padre se une a un hijo formando una coalición contra el otro progenitor. Cada uno adopta un rol y utiliza un lenguaje verbal y no verbal que le caracteriza y que sirve como anclaje para el resto de roles, todos se necesitan para mantenerse vivos.

Cada vértice de este triángulo es un rol que adopta una persona del triángulo y que puede ir variando: víctima, perpetrador y salvador.

Víctima: la persona que adopta este rol se queja y se siente paralizada y centrada en sus emociones negativas. No asume la responsabilidad del cambio y no siente que pueda hacer nada para mejorar. Puede sentir indefensión. Se siente atacada y mal tratada por los demás y por la vida. Su lenguaje corporal es carente de energía y con una actitud cerrada en sí misma.

Salvador: la persona que adopta este rol intenta salvar a la víctima, dándole las soluciones a sus problemas e incluso responsabilizándose de ellos. Esta persona carga con la otra y el peso suele ser demasiado, ya que no puede hacerse cargo del otro. Este rol a veces es adoptado por los terapeutas o psicólogos, cargando e intentando solucionar los problemas de nuestros pacientes. Es importante darse cuenta que cuando esto ocurre, el salvador siente que es demasiado, que no puede con el otro, pero que debe hacerlo, que es su cometido. Se nota porque es
extremadamente cansado y desgastante y no permite al otro asumir la responsabilidad de su propia vida y de sus problemas.

Perpetrador: la persona que lo adopta tiene una actitud agresiva hacia los demás, posicionándose por encima y acusándolos. Suele utilizar un lenguaje desafiante y una actitud no verbal dominante.

Para mantener el triángulo perverso, los tres roles son imprescindibles y se necesitan, manteniéndose en el tiempo y convirtiéndose en un problema familiar. También son roles que adoptamos en nuestras vidas, más allá de las relaciones familiares y con los que nos presentamos al mundo y vamos encajando con los demás. Por ejemplo, si una persona tiene la tendencia más marcada a ser “salvador” se irá encontrando con personas que necesiten de su ayuda y que cubran su necesidad. Si una persona se presenta como víctima, se irá encontrando con perpetradores y con salvadores y si una persona se presenta como perseguidor o perpetrador se irá encontrando con víctimas.

Es importante darnos cuenta de en que rol o roles nos sentimos más cómodos y cuál predomina en nosotros sobre los demás, para poder sentirnos más libres de tomar otros caminos que nos lleven a lugares diferentes y con los que podamos relacionarnos con los demás de formas más sanas.

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